Las emergencias sanitarias, las catástrofes naturales y el desarrollo de la inteligencia artificial comparten un desafío: ninguno puede abordarse de manera aislada. La respuesta a estos problemas requiere conocimientos compartidos, cooperación internacional y confianza entre los distintos actores.
En ese escenario, Taiwán —una sociedad democrática de más de 23 millones de habitantes— continúa sin poder participar plenamente en el sistema de las Naciones Unidas, pese a contar con experiencia en tecnología, salud pública y gestión de desastres. La situación plantea un interrogante sobre la capacidad de la comunidad internacional para construir respuestas inclusivas frente a desafíos que afectan a todos.
La cuestión cobra relevancia durante la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, que se desarrolla bajo el lema “Restaurar la confianza, gestionar la transformación: unas Naciones Unidas que respondan a las necesidades de todos”. La consigna pone el foco en la necesidad de fortalecer la cooperación y atender las demandas de las sociedades en un contexto de cambios tecnológicos y riesgos globales.
Para países como Argentina, esos desafíos se expresan en problemas concretos: incorporar nuevas tecnologías a la producción, mejorar los servicios de salud, preparar a las comunidades ante desastres naturales y ampliar las oportunidades para las nuevas generaciones. Son áreas en las que Taiwán ha desarrollado capacidades y experiencias que, según el planteo, podrían compartirse mediante una participación más amplia en los espacios de cooperación internacional.
Entre esas capacidades se destaca su fortaleza en semiconductores y tecnología, junto con su experiencia en salud pública y gestión de emergencias. La discusión sobre su inclusión se vincula así con una pregunta más amplia: cómo construir un mundo más seguro, inclusivo y próspero si se excluye de los ámbitos de cooperación a sociedades que pueden realizar aportes en áreas de interés global.



