En un incidente ocurrido entre la noche del sábado y la madrugada del domingo, un hombre armado fue abatido por agentes del Servicio Secreto y la Oficina del Sheriff cuando intentó ingresar a la residencia de Mar-a-Lago, en Florida, portando una escopeta y un bidón de gasolina. En ese momento, Donald Trump y su esposa, Melania, no se encontraban en la propiedad, ya que estaban en Washington. Este suceso llevó al presidente estadounidense a realizar declaraciones sobre los peligros que enfrentan los líderes mundiales, según reportes internacionales.

Durante una intervención en la Casa Blanca, Trump hizo comentarios irónicos sobre su situación y los riesgos asociados con su cargo. "No sé cuánto tiempo más podré estar aquí. Hay muchas personas intentando dispararme", comentó, aludiendo a la historia de ataques a presidentes relevantes como Abraham Lincoln y John F. Kennedy. Aseguró que su notoriedad lo coloca en una lista de riesgos, sugiriendo que bajar su perfil podría ser una estrategia sensata: "Tal vez debería intentar ser un poco menos relevante. ¿Podemos ser buenos por un rato?", bromeó.

Además de abordar la amenaza directa que enfrentó en su residencia, Trump utilizó la ocasión para desestimar las críticas hacia su gestión. Sostuvo que, incluso si lograra un avance significativo como una cura para el cáncer, sus opositores seguirían minimizando su trabajo. "No hay nada que pueda hacer que esta gente valore", afirmó. Este evento resalta la creciente preocupación por la seguridad de los presidentes en Estados Unidos, especialmente tras incidentes similares en el pasado.