El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha hecho declaraciones contradictorias respecto al conflicto con Irán, sugiriendo que la guerra está "casi terminada" y, al mismo tiempo, advirtiendo que responderá con más fuerza si Teherán bloquea el tránsito de petróleo en el estrecho de Ormuz. Estas afirmaciones se producen en un contexto de creciente tensión, donde la Guardia Revolucionaria iraní reafirma que solo ellos decidirán el fin del enfrentamiento.
En medio de esta escalada, varios países del Golfo Pérsico, incluidos Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, han reportado nuevos ataques en su territorio, atribuidos a Irán. La situación se ha vuelto aún más crítica con los recientes bombardeos y el sobrevuelo de cazas en Teherán, lo que ha llevado a un aumento en la respuesta militar por parte de las naciones involucradas. La Guardia Revolucionaria ha declarado que sus capacidades misilísticas han mejorado, prometiendo que están listos para extender el conflicto si es necesario.
Por otro lado, la diplomacia intenta hacer su parte para mitigar las hostilidades. El canciller chino, Wang Yi, ha estado realizando una serie de llamadas a líderes de Oriente Medio, abogando por un alto el fuego y el inicio de conversaciones. Mientras tanto, el enviado especial de China para la región, Zhai Jun, se encuentra realizando gestiones de mediación, aunque hasta el momento no ha habido diálogo entre Pekín y Washington sobre la crisis. Esta situación tensa se desarrolla a pocas semanas de la esperada visita de Trump a China, lo que añade una capa adicional de complejidad a las relaciones internacionales en la zona.



