El Gobierno de Estados Unidos evalúa prohibir durante 90 días las exportaciones de gasóleo, una medida que genera rechazo entre productores de combustibles y divisiones dentro de la propia Administración. El presidente Donald Trump se inclina por anunciar el plan a finales de esta semana, aunque todavía persisten diferencias sobre su alcance y sus posibles efectos.
La iniciativa formaría parte de un paquete destinado a reducir el costo de la energía antes de las elecciones de medio mandato previstas para noviembre. Las encuestas señalan, por el momento, una posible victoria contundente del Partido Demócrata. La Casa Blanca busca así aliviar el impacto de los precios en las estaciones de servicio, una preocupación que ganó peso entre los sectores que impulsan la medida.
Los productores estadounidenses sostienen que la prohibición podría ofrecer un alivio limitado y provocar un encarecimiento posterior de los combustibles, incluido el queroseno. Algunos expertos admiten que la factura energética podría bajar inicialmente en determinadas regiones, ya que parte del combustible destinado a la exportación se volcaría al mercado interno. Sin embargo, advierten que las empresas reducirían sus volúmenes de producción ante la pérdida de la demanda extranjera, lo que disminuiría la oferta futura. A las críticas del sector se sumaron algunos congresistas republicanos y asesores de la Administración.



