Las autoridades tailandesas han hecho serias acusaciones contra Camboya, señalándola como responsable de romper el alto el fuego acordado en diciembre. Este conflicto surgió a raíz de un enfrentamiento armado en la frontera entre ambos países, específicamente en la región de Kantharalak, en la provincia de Sisaket.
Según el ejército tailandés, las fuerzas camboyanas habrían utilizado proyectiles de mortero, lo que provocó una inmediata respuesta de las tropas de Tailandia. A pesar de la gravedad del incidente, las Fuerzas Armadas de Tailandia informaron que no hubo soldados heridos en su lado. El portavoz militar, Winthai Suvaree, detalló que se emplearon granadas de 40 milímetros, y que los efectivos tailandeses respondieron con un lanzagranadas M79, buscando advertir sobre el ataque y proteger a su personal.
En medio de este clima de tensión, el Ejército de Camboya ha rechazado las acusaciones, pidiendo a Tailandia que detenga la difusión de información que considera falsa. La portavoz Maly Socheata advirtió que tales afirmaciones podrían aumentar las tensiones en la frontera. Este enfrentamiento se produce en un contexto ya delicado, donde un reciente ciclo de ataques dejó más de un centenar de muertos y desplazó a más de un millón de personas. En este marco, el primer ministro camboyano, Hun Manet, expresó su preocupación por la deterioración de las relaciones bilaterales y la necesidad de mantener el alto el fuego.
A su vez, el secretario general de la ONU, António Guterres, instó a ambos países a priorizar el diálogo para evitar un recrudecimiento del conflicto. Mientras tanto, Camboya ha elevado una protesta formal a Tailandia por lo que considera incursiones en sus aguas territoriales, calificando estas acciones de violaciones a su soberanía y al Derecho Internacional.



