El 3 de marzo de 2020, Argentina registró su primer caso de COVID-19, un acontecimiento que alteró drásticamente la percepción del riesgo sanitario en el país. Este hecho marcó el inicio de una serie de medidas que incluyeron la implementación de la cuarentena más prolongada del mundo, afectando la vida cotidiana de millones de personas.
El paciente inicial fue un hombre de 43 años que había regresado de Europa, y su diagnóstico evidenció la llegada de una amenaza global que, hasta ese momento, parecía distante para gran parte de la población. Desde entonces, el SARS-CoV-2 ha provocado una crisis sanitaria sin precedentes, con orígenes que se remontan a los primeros casos identificados en el mercado de Wuhan, China, y que son objeto de investigación continua por parte de la comunidad científica internacional.
Recientemente, un grupo de expertos del Grupo Asesor Científico sobre el Origen de Nuevos Patógenos (SAGO) de la OMS publicó un estudio en la revista Nature, sugiriendo que la mayoría de las pruebas revisadas apuntan a un origen zoonótico del virus. Sin embargo, advierten que aún falta información para poder determinar con certeza el momento y lugar en que el virus comenzó a circular entre los humanos. Mientras tanto, el impacto de la pandemia ha sido devastador, con cifras que indican más de 704 millones de casos y un número de muertes que podría ser superior a 20 millones, según estimaciones de diversas organizaciones sanitarias.



