La exmujer del expríncipe Andrés, Sarah Ferguson, ha optado por mantener un bajo perfil en medio de la controversia que rodea a su exesposo, quien fue detenido en su residencia por supuestos delitos de mala conducta y revelación de secretos de la Corona. La crisis en la familia real británica ha llevado a la exduquesa de York a alejarse del foco público, generando gran interés sobre su paradero.

Ferguson, de 66 años, no ha sido vista públicamente desde diciembre, cuando asistió al bautizo de su nieta en el Palacio de St. James. Desde entonces, su vida ha estado marcada por el silencio, lo que ha incrementado las especulaciones sobre su situación actual. Fuentes de medios británicos sugieren que la exduquesa se trasladó a Zúrich tras las festividades navideñas, buscando refugio en una clínica de alto nivel que se especializa en bienestar y salud mental.

Este exclusivo centro ofrece tratamientos personalizados para afrontar cuestiones como la ansiedad y el estrés, pero sus costos son prohibitivos, superando los 150.000 euros por programas intensivos de corta duración. Ferguson ha enfrentado problemas emocionales en el pasado y ha reconocido cómo estos retiros la han ayudado a sobrellevar situaciones difíciles. Aparentemente, su estado emocional se ha visto agravado por la reciente divulgación de correos electrónicos que revelan su relación con el fallecido financiero Jeffrey Epstein, lo que ha reavivado críticas sobre sus decisiones y conexiones.

Aunque no enfrenta acusaciones directas, su asociación con estos documentos ha complicado aún más su imagen pública, posicionándola en el centro de un debate que continúa generando controversia en el ámbito británico.