En Móstoles, Madrid, un grupo de dieciocho mujeres logró recuperar su libertad a principios de este mes, luego de haber estado viviendo en condiciones extremas en un sótano de un chalet. Estas mujeres estaban hacinadas, compartiendo un solo baño y bajo vigilancia constante, sin posibilidad de apagar las luces por la noche y con un estricto límite de dos horas diarias para salir, siempre bajo autorización. Su situación no solo era insostenible, sino que también implicaba explotación sexual. Estaban obligadas a aceptar a todos los clientes, sin poder decidir sobre su propio tiempo o su descanso, mientras que la mitad de lo que ganaban era retenido por los organizadores, quienes las amenazaban y castigaban ante cualquier incumplimiento de sus normas.

La denuncia de esta situación llegó a través de una de las mujeres, quien tuvo la oportunidad de hablar desde el Hospital Universitario de Villalba. Aunque algunas de ellas pudieron haber ingresado en este entorno con la esperanza de conseguir un empleo rápido y sin complicaciones, la realidad que enfrentaron fue una forma de explotación que oculta su naturaleza tras la apariencia de oportunidades laborales. Este fenómeno revela una nueva cara de la prostitución, que se traslada de espacios públicos a residencias, lo que plantea preguntas sobre la naturaleza de esta actividad y si sigue siendo considerada prostitución o se convierte en mera explotación sexual.

La transición hacia este modelo de prostitución oculta en viviendas ha cobrado fuerza, especialmente tras la pandemia de Covid-19, cuando los cierres de clubes y las restricciones llevaron a muchos a adaptarse a nuevas formas de operar. Las viviendas, ya sean residenciales o turísticas, se han convertido en el nuevo escenario para la prostitución, lo que aumenta la invisibilidad de las mujeres involucradas y dificulta la identificación de situaciones de abuso. Este cambio no solo beneficia a los proxenetas, quienes operan en la oscuridad, sino que también plantea serias preocupaciones sobre la seguridad y el bienestar de quienes se encuentran atrapadas en estas circunstancias.