Al recibir su primer Oscar, Paul Thomas Anderson no solo celebró su logro, sino que también recordó el impacto de las películas de la década de 1970. En un momento de reflexión, el director de obras como Magnolia y Licorice Pizza mencionó los títulos que compitieron por la estatuilla en 1976, entre los cuales se encontraban Alguien voló sobre el nido del cuco, Tiburón, Barry Lyndon, Tarde de perros y Nashville. Su afirmación de que "no hay una mejor entre todas" resonó con la audiencia y subrayó la relevancia de esa época dorada del cine estadounidense.

La película Nashville, dirigida por Robert Altman en 1975, se destaca no solo como un relato sobre la industria musical, sino como un retrato vibrante del sueño americano. En un contexto donde Spielberg y Forman exploraban diferentes narrativas, Altman optó por un enfoque amplio, presentando un mosaico de veinticuatro personajes que se entrelazan en una Nashville convulsa, justo antes de un crucial mitin político. La historia se convierte en un reflejo del caos y la desilusión de una nación marcada por acontecimientos históricos como Vietnam y Watergate.

Anderson ha manifestado en múltiples ocasiones que la obra de Altman ha influido en su propio estilo cinematográfico. Desde Boogie Nights hasta Magnolia, el director argentino ha asimilado esa visión coral y el control del caos que caracterizan a su predecesor. Así, Nashville se presenta como un ejemplo de cómo el cine puede capturar la esencia de una comunidad, ofreciendo una experiencia rica en matices y emociones que no dependen de un clímax, sino de la observación y la conexión humana.