Cada 27 de febrero, la tradición católica recuerda a diversos santos y beatos que dejaron una huella significativa a lo largo de la historia. Esta costumbre tiene raíces profundas, ya que, en épocas pasadas, era común que los padres nombraran a sus hijos en honor al santo del día en que nacían, una práctica que perdura en el tiempo, aunque hoy en día se confunde a menudo con el concepto de cumpleaños.

El onomástico se refiere específicamente al día en que se conmemora a un santo, y aunque muchas personas lo asocian con celebraciones personales, su verdadero significado está ligado a la veneración de aquellos individuos que se destacaron por su conexión con lo divino y sus acciones altruistas. Estos personajes fueron canonizados o beatificados debido a su elevada moral y ética, que los llevó a ser reconocidos en el santoral.

Entre los santos que se celebran hoy se encuentran figuras notables como San Gabriel de la Virgen de los Dolores, conocido por su vida de sacrificio y devoción. También se conmemoran a otros santos y mártires como San Baldomero, la Beata Francisca Ana Cirer Carbonell, y San Julián de Alejandría, entre otros. La canonización, un proceso formal dentro de la Iglesia Católica, implica una rigurosa investigación sobre la vida del candidato y requiere la comprobación de al menos dos milagros, resaltando así la importancia de estas figuras en la fe católica y su legado en el mundo.