Las tensiones en Oriente Medio y el Golfo Pérsico vuelven a emerger con fuerza, apenas ocho meses después de la breve pero intensa "guerra de los 12 días". Esta vez, un ataque preventivo realizado de manera conjunta por Israel y Estados Unidos se dirigió hacia Irán, resultando en la muerte del líder supremo iraní. La respuesta de Teherán no se hizo esperar, con un contraataque dirigido a Israel y a instalaciones estadounidenses en las monarquías del Golfo, causando considerables daños en la región.

Además de los ataques aéreos, Irán afectó gravemente la infraestructura energética de varios países del Golfo, logrando incluso un cierre parcial del crucial Estrecho de Ormuz, un área vital para el comercio global donde convergen intereses geopolíticos, económicos y energéticos. Simultáneamente, el grupo Hezbollah, alineado con Irán, reavivó las hostilidades desde Líbano hacia el norte de Israel, intensificando la situación conflictiva.

En otro frente, la guerra entre Rusia y Ucrania se adentra en su quinto año sin señales claras de un cese al fuego. Rusia busca no solo mantener el control en el Donbas, sino también expandir su influencia hacia el puerto de Odessa, lo que podría causar un estrangulamiento económico a Ucrania. Por su parte, Sudán vive una crisis humanitaria devastadora a raíz del conflicto entre el ejército nacional y las Fuerzas de Apoyo Rápido, lo que ha llevado al desplazamiento de millones. La situación en el Cuerno de África y la presión yihadista en Mali y Burkina Faso también generan un panorama de inestabilidad que afecta a toda la región.