En las últimas décadas, Irán ha destinado enormes sumas de dinero a la capacitación de combatientes y a la creación de milicias aliadas en Irak, preparándolas para responder ante cualquier amenaza hacia la República Islámica. Sin embargo, tras la reciente declaración de guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, estas agrupaciones, como la liderada por A.J., se encuentran a la espera de instrucciones desde Teherán, las cuales no han sido emitidas hasta el momento.
La falta de una movilización efectiva de las milicias proiraníes en Irak representa un cambio significativo en la estrategia regional de Irán. A pesar de que algunas facciones han reivindicado ataques con drones y misiles contra objetivos estadounidenses, la mayoría de estos incidentes fueron ejecutados por fuerzas iraníes, según informan funcionarios kurdos. La denominación “Resistencia Islámica de Irak”, utilizada por diversos grupos para atribuirse varios ataques recientes, no ha generado resultados significativos, y en muchos casos, la evidencia de los mismos es inexistente.
A.J., quien comanda una de estas milicias chiíes en el sur de Irak, declaró que, incluso si Irán decidiera lanzar una ofensiva, únicamente un par de grupos respaldados actuarían. “La mayoría ya no es confiable”, afirmó. Este cambio en la dinámica se debe a que varias de estas agrupaciones han comenzado a priorizar sus propios intereses políticos y económicos en lugar de un enfrentamiento militar directo con Occidente. La operatividad de estas milicias se ha visto afectada por asesinatos selectivos de líderes, la pérdida de rutas de suministro de armas y la transformación de comandantes en figuras políticas, lo que ha debilitado el entramado de alianzas que Irán había construido. A pesar de esta situación, algunos expertos advierten que una ofensiva masiva podría ocurrir si el conflicto se extiende o si se perciben ataques contra los chiíes.



