La noche del 17 de febrero, un restaurante en San Isidro fue escenario de una cena que más tarde se convertiría en objeto de atención mediática. En una de sus mesas, Adrián Villar, un joven de 21 años, compartió una velada con tres amigos, antes de ser implicado en el trágico accidente que resultó en la muerte de la buceadora Lizeth Marzano.

La defensa de Villar había presentado recibos de consumo para argumentar que no había alcohol en la cena. Sin embargo, la falta de un testimonio que confirmara esta versión dejó un vacío en la narrativa. Esto cambió cuando Ismael Sotero, el mesero que atendió a la mesa, decidió hablar. En una declaración clara, Sotero indicó que sí recordaba a los jóvenes y que estuvieron en el local cerca de dos horas, solicitando la cuenta a las 10:10 p.m.

La pregunta sobre el consumo de alcohol fue inevitable. Aunque inicialmente Sotero se mostró reacio a dar detalles, finalmente afirmó: “No tomaron nada”. Esta declaración, aunque breve, se suma al relato de la defensa de Villar, aunque deberá ser verificada con otras pruebas, como las grabaciones de las más de ocho cámaras de seguridad del restaurante. Estas imágenes, ya entregadas a las autoridades tras un requerimiento formal, son cruciales para reconstruir los eventos de esa noche trágica y esclarecer lo ocurrido antes del accidente.

El restaurante también extendió sus condolencias a la familia de Marzano, adoptando una postura sensible en medio de la controversia, al tiempo que la investigación continúa abarcando las circunstancias previas al accidente, que han sido parcialmente reconstruidas a través de otros registros audiovisuales.