El 23 de febrero de 1981 marcó un hito crucial en la historia del Ejército español, donde la lealtad a la Constitución se puso a prueba ante un intento de golpe de Estado. En esa jornada, los militares se enfrentaron a una difícil decisión: unirse a un levantamiento que prometía un nuevo régimen o mantener su compromiso con la legalidad en un país que apenas había dejado atrás una dictadura. A pesar de las tensiones, el intento de golpe no logró el respaldo esperado y sus principales actores terminaron enfrentando severas consecuencias.
El teniente coronel Antonio Tejero fue quien encabezó la irrupción en el Congreso de los Diputados, apoyado por un contingente de guardias civiles. A su vez, el capitán general de la III región militar, Jaime Milans del Bosch, se sumó al levantamiento desde Valencia, mientras que el general Alfonso Armada pretendía asumir un nuevo Gobierno. Sin embargo, el respaldo a la sublevación fue escaso y el mensaje del rey Juan Carlos I, instando al respeto por el orden constitucional, disipó cualquier duda sobre la legitimidad del proceso.
Entre los militares leales al régimen, destacó Manuel Gutiérrez Mellado, entonces vicepresidente del Gobierno y ministro de Defensa, quien se enfrentó valientemente a Tejero en el hemiciclo. Por otro lado, Guillermo Quintana Lacaci, capitán general de Madrid, jugó un papel clave al evitar la movilización de tropas en la capital, lo que resultó fundamental para frenar la expansión del golpe. A medida que se desclasifican documentos sobre estos acontecimientos, crece el interés por conocer más sobre la implicación del rey y el desenlace de este episodio histórico.



