Al ingresar a Los Aguachiles, se percibe de inmediato que no se trata de un restaurante mexicano convencional. La oferta incluye tacos, guacamole, totopos y tortillas, todo en un ambiente agradable y auténtico. El acento mexicano se escucha tanto en el equipo de trabajo como entre los comensales, pero la decoración es sorprendentemente sobria, alejada de los típicos adornos coloridos y calaveras que suelen caracterizar a otros locales. Ernesto García Quintero, fundador de esta cadena que ya cuenta con cinco sucursales en Madrid, bromea: “Los españoles siempre me reclaman que no haya decoración”.

Originario de Sinaloa, Ernesto ha forjado un imperio gastronómico centrado en los sabores del Pacífico mexicano, acompañado por el chef Antonio Guerrero de Ensenada, Baja California. Desde el inicio, su objetivo fue introducir a los españoles en la auténtica cocina del norte de México, destacándose por sus platos de mariscos y pescado. Este enfoque ha llevado a Los Aguachiles a recibir el Sello Copil, un distintivo que garantiza su compromiso con la verdadera gastronomía mexicana.

La clientela habla por sí sola: una familia mexicana que visita Europa se encuentra entre los comensales, recomendada por uno de sus hijos que había estudiado en la ciudad. Ernesto observa que este tipo de conexiones son clave para las excelentes reseñas que sus locales obtienen, con una media de 4,9 estrellas en Google. A pesar de su éxito, Ernesto reconoce que aún hay un camino por recorrer para que la cultura local comprenda la diversidad de la comida mexicana, que a menudo es malinterpretada como excesivamente picante. “La gran dificultad es transmitir que la cocina mexicana no es picante por naturaleza”, concluye.