La piña, con su sabor equilibrado entre lo ácido y lo dulce, se posiciona como una de las frutas más apreciadas a nivel global. Ya sea consumida fresca o en conserva, esta fruta refrescante se convierte en una elección preferida durante los meses cálidos de primavera y verano. Sin embargo, sus beneficios van mucho más allá de su delicioso sabor, abarcando importantes propiedades nutricionales.

De acuerdo a estudios realizados por la Fundación Española de Nutrición, la piña se destaca por su valioso perfil nutricional y por la presencia de compuestos bioactivos que la hacen un alimento de gran relevancia para la salud. Un aspecto fundamental a tener en cuenta es que su calidad nutricional está íntimamente ligada al proceso de maduración en la planta. Durante las semanas previas a su cosecha, el contenido de azúcares y principios activos puede aumentar considerablemente, lo que significa que una piña cosechada prematuramente puede resultar menos nutritiva y más ácida.

Rica en vitamina C, la piña juega un papel crucial en la protección celular contra el daño oxidativo, ayudando así a combatir el estrés oxidativo, un factor que contribuye al envejecimiento celular y a diversas enfermedades crónicas. Además, este fruto aporta yodo, un mineral poco común en otras frutas, esencial para el correcto funcionamiento de la glándula tiroides y la producción de hormonas tiroideas. También contiene ácidos orgánicos, como el ácido cítrico y el ácido málico, que no solo contribuyen a su sabor característico, sino que también participan en varios procesos metabólicos del cuerpo. Por último, la bromelina, una enzima presente en la piña, se asocia con la mejora de la digestión, especialmente en comidas ricas en proteínas, aunque es importante recordar que su actividad puede verse afectada por el calor y el procesamiento del alimento.