La reciente muerte de Rubén Oseguera Cervantes, conocido como "El Mencho", durante un operativo militar en Tapalpa, Jalisco, el 22 de febrero de 2026, cerró un capítulo de violencia extrema en el crimen organizado en México. Su caída no solo simboliza el fin de una era para el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), sino que también ha reavivado relatos sobre los intentos previos de otros capos por eliminarlo.

A principios de la década de 2000, "El Mencho" era un sicario al servicio del Cártel de Los Valencia. En ese entonces, fue capturado por miembros de La Familia Michoacana en medio de una disputa territorial en Michoacán. Según los relatos que circulan en el submundo del narcotráfico, fue llevado ante su líder, José de Jesús Méndez Vargas, conocido como "El Chango Méndez", donde estuvo a punto de ser ejecutado. Sin embargo, por razones que varían entre la compasión y la subestimación de su potencial amenaza, "El Chango" decidió perdonarle la vida, un acto que marcó el rumbo de ambos y que, años más tarde, culminaría en el asesinato del hijo de "El Chango" a manos del CJNG.

El contexto de la guerra entre cárteles se intensificó a finales de 2015, con el CJNG en ascenso y el Cártel de Sinaloa preocupado por la pérdida de territorios vitales. Ismael "El Mayo" Zambada, alarmado por el avance del CJNG en lugares estratégicos como Manzanillo, optó por una estrategia de eliminación. Encomendó a Jorge Raúl Rosales Cristerna, apodado "El R-18", la tarea de acabar con "El Mencho". Con el apoyo de remanentes de La Familia Michoacana, se organizó un ataque durante una reunión del CJNG en Zapopan, donde casi 150 hombres armados intentaron darle un golpe mortal. Sin embargo, a pesar de la brutalidad del ataque, "El Mencho" logró escapar, un testimonio de su astucia y resiliencia en un mundo donde la muerte está a la vuelta de la esquina.