Seis años después de la crisis sanitaria global provocada por el COVID-19, continúan surgiendo nuevas investigaciones que arrojan luz sobre el impacto de la enfermedad, que dejó un saldo de aproximadamente 15 millones de vidas perdidas entre 2020 y 2021, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El virus, originado en Wuhan, China, se propagó rápidamente, transformando la vida cotidiana y marcando un hito en nuestra memoria colectiva.

En los primeros meses de la pandemia, la virulencia del virus sorprendió tanto a la población como a los especialistas en salud. El primer caso importado en España se registró el 31 de enero, cuando un turista de La Gomera contrajo el virus en Alemania. Tan solo seis semanas después, el presidente español Pedro Sánchez declaró el estado de alarma en todo el país, evidenciando la gravedad de la situación.

Durante esa etapa inicial, las tasas de mortalidad eran alarmantes y las opciones de tratamiento eran limitadas. Frente a este panorama, un grupo de médicos del Servicio de Medicina Intensiva del Hospital Clínico San Carlos en Madrid decidió explorar una alternativa: la melatonina. Este suplemento, conocido por su capacidad para regular el sueño, también ha mostrado propiedades antioxidantes y antiinflamatorias en estudios previos. A pesar de que su uso en pacientes críticos no había sido ampliamente investigado, el hospital decidió avanzar con su administración, con la esperanza de que pudiera reducir la necesidad de respiración asistida entre los pacientes más graves. Actualmente, la efectividad de la melatonina en este contexto se encuentra bajo análisis por parte de la comunidad científica.