Europa se enfrenta a un nuevo desafío tras haber comenzado a recuperarse de la crisis energética provocada por la invasión rusa a Ucrania en 2022. La reciente escalada de tensiones entre Estados Unidos, Israel e Irán ha llevado a un incremento significativo en los precios del petróleo y el gas, lo que podría obstaculizar el crecimiento económico ya debilitado del continente y reactivar la inflación. Según Simone Tagliapietra, experto en energía del centro de estudios Bruegel, "esta crisis resulta ser existencial para Europa".
A pesar de la gravedad de la situación, la respuesta de Europa ha sido moderada. Los países miembros están divididos en cuanto a la reacción adecuada, ya sea para celebrar o lamentar los ataques. Las fuerzas armadas europeas se encuentran en una situación complicada, ya que, aun si quisieran atender la solicitud de Donald Trump para ayudar a asegurar el estrecho de Ormuz, no tendrían un impacto considerable donde la armada estadounidense tampoco ha logrado marcar la diferencia. Ante esta incertidumbre, la Unión Europea y sus gobiernos están intentando proteger sus economías frente a un conflicto en el que tienen escasa influencia y son particularmente vulnerables.
La dependencia de Europa de los combustibles fósiles importados, especialmente del gas natural, representa un riesgo significativo. Aunque solo un pequeño porcentaje de su gas proviene de Oriente Medio, las reservas europeas han caído a niveles preocupantes, similares a los de 2022. En su esfuerzo por reducir la dependencia del gas ruso, la Unión Europea se ha expuesto más al mercado global, lo que ha impulsado los precios. La proyección del crecimiento económico podría verse gravemente afectada si los precios del petróleo alcanzan los 140 dólares por barril durante un período prolongado, según estimaciones de Oxford Economics, que advierte que esto podría reducir el crecimiento en 0,6 puntos porcentuales para 2026.



