En la primavera de 1845, Karl Marx escribió en Bruselas once reflexiones breves que llevaba en un cuaderno de apuntes durante su exilio. La última de esas anotaciones condensó una crítica a la filosofía de su tiempo: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo; de lo que se trata es de transformarlo”.
La frase no fue publicada en vida de Marx ni nació como un eslogan político. Permaneció entre sus papeles hasta 1888, cinco años después de su muerte, cuando Friedrich Engels la rescató y la incluyó como apéndice de su obra Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. El conjunto de apuntes pasó a ser conocido como Tesis sobre Feuerbach y se convirtió en uno de los textos más influyentes de la modernidad.
La anotación surgió en un contexto de intensos debates intelectuales en la Europa de la década de 1840. Marx había sido expulsado de París por sus escritos revolucionarios en el periódico Vorwärts! y, tras instalarse en Bélgica, quedó vinculado a las discusiones de la filosofía alemana, entonces marcada por los herederos de Georg Wilhelm Friedrich Hegel. Con el tiempo, aquella reflexión escrita de manera privada adquirió una dimensión pública y terminó grabada en letras doradas sobre la tumba de Marx, en el cementerio de Highgate, en Londres.



