Durante la apertura del juicio en la Audiencia Provincial de Burgos, una testigo protegida, quien se encuentra bajo la presunta condición de víctima de una red de trata de personas dedicada a la explotación sexual, relató las terribles condiciones que vivió. En su declaración, expuso que padeció amenazas constantes y un estricto control por parte de la líder de la organización criminal, quien operaba junto a otros cinco acusados, tres mujeres y tres hombres.

La mujer, que fue captada en su país de origen, confesó haber sido consciente desde el principio de que iba a trabajar en actividades sexuales, pero se sintió forzada a aceptar debido a su situación de vulnerabilidad y las dificultades económicas que afrontaba. Su traslado a Burgos se produjo después de que la cabecilla de la banda le ofreciera un trabajo a través de anuncios en Internet, los cuales prometían ganancias que no se correspondían con la realidad de su experiencia.

La testigo denunció que, al llegar a Burgos, las mujeres eran sometidas a un control absoluto, debiendo estar disponibles en todo momento y sin derecho a rechazar los servicios solicitados por los clientes. Además, relató que su trabajo se desarrollaba en condiciones deplorables, con vigilancia constante mediante cámaras que la líder de la red utilizaba para monitorear sus actividades. Esto se tradujo en jornadas laborales de 24 horas sin días libres, donde solo podían descansar si no había clientes, reflejando una situación de sometimiento extremo y despojo de sus derechos.