La situación en Irán se agrava tras los recientes ataques aéreos que han dejado más de 1.200 muertos, según las autoridades locales, mientras que informes de organizaciones de derechos humanos elevan la cifra a más de 3.000, en su mayoría civiles. Esta serie de bombardeos se inició el 28 de febrero como parte de una operación conjunta entre Israel y Estados Unidos, en un contexto de negociaciones complejas entre Washington y Teherán sobre un posible nuevo acuerdo nuclear.
Entre los altos funcionarios iraníes que habrían sido eliminados se encuentran Alí Lariyani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, y Golamreza Soleimani, líder de la fuerza paramilitar Basij. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, indicó que tanto él como el primer ministro Benjamin Netanyahu respaldaron la decisión de intensificar los ataques selectivos contra la cúpula del régimen iraní para desarticular su estructura de mando y evitar su reconfiguración. Katz afirmó que el programa iraní está siendo desmantelado y que se están neutralizando a sus líderes.
El Ejército israelí informó que Soleimani fue abatido durante un ataque en Teherán, donde su unidad había estado involucrada en operaciones represivas contra manifestantes. Además, Israel llevó a cabo una extensa misión aérea que involucró a decenas de aviones, atacando diversos objetivos estratégicos en Teherán y otras ciudades como Shiraz y Yabriz. Las Fuerzas de Defensa de Israel aseguraron que estas acciones fortalecen su superioridad aérea en la región y podrían frenar el avance militar de Irán durante varias décadas. Hasta el momento, las autoridades iraníes no han confirmado oficialmente la muerte de los mencionados líderes.



