Las negociaciones entre Washington y Teherán desplazaron parte de la atención sobre el endurecimiento de las medidas impulsadas por el régimen iraní dentro del país. En ese contexto, las llamadas patrullas de la moral reforzaron los controles contra mujeres que no utilizan hiyab y hombres que llevan pantalones cortos u otras prendas consideradas contrarias a las normas oficiales. Las detenciones en la vía pública, las inspecciones de teléfonos celulares y los registros fotográficos realizados por agentes en espacios abiertos forman parte de ese esquema de vigilancia.

En las últimas semanas, el caso de la cantante iraní Parastoo Ahmadi volvió a poner el foco sobre las restricciones que enfrentan las artistas. Ahmadi fue acusada penalmente después de participar, en diciembre de 2024, de un concierto virtual realizado a puertas cerradas. En la presentación, registrada desde un histórico caravasar y acompañada por cuatro músicos, cantó sin velo y vistió una prenda que dejaba sus hombros al descubierto. Tras ser detenida y llevada a prisión, recuperó la libertad bajo fianza.

La cantante también había participado en las movilizaciones masivas desencadenadas por la muerte de Mahsa Amini. Durante esas protestas, había reinterpretado la canción patriótica “De la sangre de la juventud de la patria”, en una versión que cuestionaba al régimen.

En Irán, las artistas solo pueden cantar ante audiencias integradas exclusivamente por mujeres y tienen prohibido realizar registros fotográficos o audiovisuales de sus presentaciones. El video protagonizado por Ahmadi dura 27 minutos y fue presentado bajo el título “Un concierto imaginario”, una referencia directa a las restricciones que impiden que una mujer iraní cante libremente.