En un giro significativo de los acontecimientos, Irán anunció que ha llevado a cabo la ofensiva más severa desde el inicio del actual conflicto. Este ataque, que tuvo lugar en la madrugada del miércoles, ocurre en un contexto de incertidumbre sobre la duración del enfrentamiento y sus repercusiones en el estrecho de Ormuz, vital para la circulación del petróleo a nivel global. A pesar de la escalada de tensiones, los precios del crudo continúan en descenso.
El ministerio de Defensa de Catar reportó la interceptación de una cantidad indeterminada de misiles en respuesta a los recientes bombardeos iraníes dirigidos a objetivos en Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait. Por su parte, el Ministerio saudí de Defensa informó sobre ataques con misiles y drones contra instalaciones petroleras y bases militares, mientras que Emiratos Árabes anunció que sus sistemas de defensa estaban activamente respondiendo a los ataques.
En medio de esta situación, la Guardia Revolucionaria de Irán afirmó haber golpeado un centro de comunicaciones israelí en Tel Aviv y distintas instalaciones militares en Jerusalén y Haifa. Las Fuerzas de Defensa de Israel, que detectaron misiles provenientes de Irán, no han precisado los objetivos alcanzados, aunque informaron que no se registraron víctimas. Además, nuevos enfrentamientos han estallado en el sur del Líbano entre Hizbulá e Israel, resultando en múltiples bajas. La tensión se mantiene alta, con ataques también dirigidos a instalaciones diplomáticas estadounidenses en Bagdad, lo que subraya la complejidad de la situación en la región.



