Irán ha decidido que su supervivencia en el conflicto actual radica en transformar la guerra en una lucha de resistencia prolongada, no a través de confrontaciones militares convencionales, sino mediante tácticas que incluyen el uso de drones y misiles. Su objetivo es desestabilizar las rutas energéticas esenciales y provocar suficiente agitación en los mercados globales para forzar a Estados Unidos a ceder ante sus demandas.
A pesar de los intensos enfrentamientos que han dejado a Estados Unidos e Israel con pérdidas significativas, el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (IRGC) continúa ejerciendo un control firme sobre la situación. Este organismo, que ha sido clave en la defensa de la República Islámica, está a cargo de la dirección estratégica del conflicto, implementando planes preestablecidos y ajustando su enfoque en respuesta a las circunstancias del campo de batalla.
La reciente selección de Mojtaba Khamenei como líder supremo, tras la muerte del ayatolá Ali Khamenei, refleja el creciente poder del IRGC, que busca consolidar su influencia en medio de una crisis existencial. Expertos como Fawaz Gerges y Alex Vatanka analizan esta mentalidad de guerra total, que impulsa a Irán a llevar a cabo una escalada de ataques en el Golfo, apuntando a centros energéticos cruciales para maximizar la disrupción económica y poner a prueba la determinación política de sus adversarios.
Con poco que perder y una estrategia bien planificada, Irán busca desgastar a sus oponentes en un conflicto que podría tener repercusiones significativas tanto en la región como en el ámbito global.



