El asesinato de Alí Jamenei ha desatado preocupaciones que podrían extenderse a nivel mundial durante décadas. Abbas Araqchi, canciller de Irán, advirtió en una carta dirigida a la ONU que este trágico acontecimiento podría socavar los principios legales que sostienen el orden internacional. La misiva fue enviada tanto al secretario general de la ONU, António Guterres, como a la presidencia del Consejo de Seguridad, solicitando medidas inmediatas tras el atentado que costó la vida a Jamenei, atribuible a bombardeos de Israel y Estados Unidos.
Araqchi describió la muerte de Jamenei como parte de una "nueva oleada de agresiones" contra la soberanía de Irán, calificando el ataque de "cobarde acto de terrorismo" que abre la puerta a riesgos insospechados para el sistema internacional. En su comunicación, resaltó que el ataque representa una violación grave de las normas fundamentales que rigen las relaciones entre naciones, haciendo hincapié en que se trató de un ataque dirigido contra un alto funcionario de un Estado miembro de la ONU, lo que afecta directamente a la prohibición del uso de la fuerza y al respeto a la soberanía.
El canciller iraní también acusó a Estados Unidos e Israel de ejecutar acciones "horribles y criminales", y advirtió que la falta de sanciones por parte de la comunidad internacional podría comprometer la estabilidad y la legalidad del sistema global por generaciones. Araqchi subrayó que los líderes de los Estados, como símbolos de la soberanía nacional, gozan de inmunidad y respeto bajo el Derecho Internacional. Este ataque, según él, no solo representa una escalada peligrosa, sino que también pone en peligro las normas que sustentan la coexistencia pacífica entre las naciones. Además, destacó la relevancia política y religiosa de Jamenei, advirtiendo que las repercusiones de este acto serán profundas y duraderas.



