El chef Fidel Caballero y su esposa, Sofia Ostos, dieron vida a Corima en 2024, en un contexto marcado por la falta de gas, una situación que ha desafiado a numerosos restaurantes neoyorquinos. Este local, situado en el extremo sur de la calle Allen, ha tenido diversas funciones a lo largo de los años, desde estación de autobuses hasta un punto de encuentro, lo que lo convierte en un espacio ideal para un chef que busca romper con lo convencional.

Durante un año y medio, Caballero exploró la cocina utilizando quemadores de inducción, adaptando una técnica del norte de México. Invirtió un wok para crear una cúpula que distribuyera el calor de manera uniforme, en la que colocaba tortillas de harina. Aunque ahora cuenta con gas en su cocina, el chef mantiene su innovador método como un homenaje a la comunidad de Chinatown y a la herencia histórica que une a los trabajadores ferroviarios chinos con los vaqueros mexicanos del siglo XIX.

Originario de El Paso y proveniente del estado mexicano de Chihuahua, Caballero ha trabajado en diversos lugares, incluyendo China y el País Vasco. Su interés por las conexiones culturales se refleja en su cocina. Las tortillas que prepara son elásticas, flexibles y presentan un acabado carbonizado. Por 9 dólares, se ofrecen porciones generosas acompañadas de mantequilla y recado negro, una mezcla de especias y chiles ahumados. En Corima, los comensales pueden elegir entre un menú degustación de 140 dólares, que incluye una serie de 11 platos creativos y provocativos, o un menú a la carta, donde la simplicidad se combina con la innovación.