El intenso calor y la escasez de lluvias provocaron incendios forestales de gran magnitud en Europa y obligaron a evacuar a más de 300.000 personas en España y Francia. La cifra representa una de las mayores retiradas forzadas de población registradas desde la Segunda Guerra Mundial.
En el sudoeste de Francia, un incendio de grandes dimensiones afectó a la región de Gironda, al oeste de Burdeos, y arrasó una superficie equivalente a cuatro veces la ciudad de París. En España, el foco más grave se registró en la provincia de Ávila, donde las llamas destruyeron más de 500 kilómetros cuadrados y dieron lugar al mayor incendio registrado en la historia reciente del país.
Europa occidental había atravesado una primavera con lluvias muy abundantes, una situación que favoreció el crecimiento inusual de pastizales y matorrales. Pero las temperaturas extremas de mayo y junio, junto con una reducción de las precipitaciones cercana al 50% respecto del promedio, secaron rápidamente esa vegetación y la transformaron en combustible para el avance del fuego.
Los investigadores señalaron que el calor extremo, antes concentrado principalmente en los meses de verano, ahora aparece más temprano y se combina con una atmósfera más seca. Ese escenario aumenta la evapotranspiración, es decir, la pérdida de agua del suelo y de la vegetación hacia la atmósfera, y eleva el riesgo de incendios.
Según el Servicio de Cambio Climático Copernicus de la Unión Europea, Europa se está calentando a un ritmo más acelerado que cualquier otra región del planeta. El fenómeno se desarrolla en un contexto de temperaturas elevadas, menor disponibilidad de agua y una vegetación seca que facilita la propagación de las llamas.



