António Guterres, secretario general de la ONU, expresó este martes su profunda preocupación por los recientes ataques a infraestructuras energéticas en el Golfo. Según sus declaraciones, estos incidentes podrían tener un efecto "dramático" en la economía global, dado que el mundo sigue dependiendo en gran medida de los combustibles fósiles de esta región.
El portavoz de la Secretaría General, Stéphane Dujarric, destacó que las operaciones humanitarias en el Golfo enfrentan serias dificultades, como la inseguridad generalizada y el cierre del espacio aéreo, lo que limita la movilidad del personal humanitario. Estas condiciones complican la entrega de ayuda y la protección de las poblaciones más vulnerables, aumentando así los obstáculos que deben superar los equipos de asistencia.
Dujarric también enfatizó que la ONU está evaluando continuamente la situación y la seguridad de su personal en la región. En este contexto, se ha iniciado la reubicación de trabajadores en Líbano como medida preventiva. La escalada de violencia en la zona, exacerbada por operaciones militares conjuntas de Estados Unidos e Israel, ha resultado en un alto número de víctimas civiles, lo que plantea un desafío aún mayor para los esfuerzos humanitarios en la región.



