Transformar un espacio desaprovechado de tu jardín en un lugar donde cosechar fruta fresca es más fácil de lo que parece, gracias al grosellero negro. Este arbusto, conocido por su resistencia y facilidad de cultivo, es perfecto para quienes se inician en la jardinería. Soporta bien las bajas temperaturas y comienza a ofrecer abundantes frutos en sus primeros años de vida.

El periodo más adecuado para plantar el grosellero negro se extiende desde mediados de febrero hasta principios de marzo. Realizar la siembra en estas fechas permite que el sistema radicular se desarrolle adecuadamente antes de que las temperaturas comiencen a elevarse. En caso de postergar la siembra hasta abril, es probable que la planta ya haya iniciado su brotación, dirigiendo su energía al crecimiento de ramas y hojas, lo que podría comprometer su salud a largo plazo.

Este arbusto requiere muy pocos cuidados, lo que lo convierte en una opción ideal para principiantes. No es necesario realizar injertos ni mantener un riego diario; con una plantación correcta, un buen mantillo y algunas podas ligeras en invierno, se garantiza su vitalidad. A partir del segundo año, el grosellero negro produce bayas oscuras y brillantes durante el verano, sin necesidad de renovar la planta.

Para asegurar un crecimiento óptimo, es recomendable elegir plantas de raíz desnuda, disponibles en viveros desde noviembre hasta marzo. Estas plantas permiten que las raíces se expandan sin restricciones, facilitando su adaptación al suelo. El lugar de siembra debe recibir luz solar directa o tener sombra parcial, y el suelo debe mantenerse fresco y libre de sequías extremas.

El proceso de siembra es sencillo: se debe cavar un hoyo de unos 40 centímetros de ancho y profundidad, aflojar el fondo y mezclar la tierra con aproximadamente 10 litros de compost o estiércol bien descompuesto. Si las raíces están secas, se recomienda sumergirlas en agua durante media hora antes de plantar. Es crucial que las raíces queden bien extendidas y que el cuello de la planta esté nivelado con el suelo o ligeramente por debajo, hasta tres centímetros, para favorecer la aparición de nuevos brotes.

Después de plantar, aunque el crecimiento visible de la planta pueda ser lento al principio, las raíces se desarrollan activamente bajo la superficie. Esto permite que la planta absorba nutrientes de manera eficiente cuando la savia comienza a circular en primavera, preparándola para nutrir sus nuevas hojas y futuros racimos de frutos. Con un suelo rico y cubierto de mantillo, el grosellero negro se mantiene en buena salud a largo plazo, tolerando breves periodos de sequía siempre que el sustrato esté adecuadamente cubierto. En los primeros años, se recomienda un riego semanal de entre 10 y 15 litros por planta, especialmente en veranos secos, mientras que posteriormente solo será necesario regar en caso de olas de calor.