El 8 de marzo, durante las manifestaciones por el Día Internacional de la Mujer, resonó en toda España el clamor de 'no a la guerra'. Este grito se unió a otras demandas que reflejan el rechazo al autoritarismo global en un contexto marcado por el ascenso de la extrema derecha y conflictos bélicos en Gaza, Ucrania, así como las tensiones entre Estados Unidos e Irán. En este marco, Greenpeace decidió sumarse a esta reivindicación y desplegó una gigantesca pancarta en la emblemática Puerta del Sol de Madrid, exigiendo el cese inmediato de las hostilidades actuales.
Eva Saldaña, directora ejecutiva de Greenpeace en España y Portugal, declaró que "las bombas y los ataques militares jamás traen paz". Según Saldaña, estas acciones solo generan sufrimiento, arrasan con la vida de civiles inocentes y destruyen el medio ambiente. Con su mensaje, la organización busca instar a los líderes mundiales a optar por la paz en lugar de la guerra, subrayando que los conflictos bélicos nunca son la solución a los problemas globales.
Greenpeace también alertó sobre el peligro de la creciente militarización en el mundo, donde se están debilitando los mecanismos de cooperación internacional y se impone una política basada en la fuerza. Al recuperar el lema 'no a la guerra', que movilizó a millones contra la invasión de Irak en 2003, la organización busca enfatizar la necesidad de un enfoque diplomático y multilateral para resolver las crisis actuales, recordando que la vida y los derechos de las personas deben estar por encima de los intereses geoestratégicos de algunos gobiernos.



