La transición hacia fuentes de energía más limpias ha cobrado un nuevo impulso en Europa a raíz de recientes tensiones geopolíticas. La confrontación entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha llevado al cierre del estrecho de Ormuz, un punto crítico para el comercio energético global. Este escenario ha disparado los precios de la energía, evidenciando la vulnerabilidad de Europa frente a la dependencia de combustibles fósiles y la necesidad de avanzar hacia la autosuficiencia energética.
En este contexto, los minerales críticos se vuelven indispensables, y España se posiciona como un actor clave. Según datos recientes del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, la minería en España tiene un valor de 3.628 millones de euros y genera empleo para más de 30.000 personas en cerca de 2.600 explotaciones. Este país no solo destaca por su producción, sino que también cuenta con una ventaja geológica que lo convierte en el único productor de sepiolita y estroncio en la Unión Europea.
Bruselas ha identificado 34 minerales esenciales para impulsar la industria verde y digital, destacando cuatro de ellos que se encuentran en el territorio español y que han permitido al país generar ingresos por 830 millones de euros. Entre ellos, el cobre, crucial para la electrificación, así como el wolframio, utilizado en herramientas industriales. Otros minerales importantes son el espato-flúor, necesario en la producción de fluoropolímeros, y el estroncio, empleado en cerámicas electrónicas. La riqueza del subsuelo español se convierte en un componente estratégico para Europa, que busca reducir su dependencia de las importaciones a través de proyectos de exploración y refinado en el país.



