En las tranquilas colinas de la Toscana, el pintoresco pueblo de Lucignano d’Asso se encuentra casi olvidado por el tiempo. Con sus calles empedradas y su arquitectura medieval, este lugar alberga a una sola persona: Yiyun Mao, una economista de 36 años que decidió escapar del bullicio urbano para conectarse con la naturaleza. En cuanto cae la tarde, los trabajadores de la zona se marchan y el pueblo queda en un profundo silencio.

Yiyun reside en un acogedor apartamento que alguna vez fue una casa de huéspedes para cazadores. Su rutina comienza cada mañana asomándose a la ventana, donde saluda al Monte Amiata, describiendo su entorno como si estuviera a bordo de un barco, con las colinas como olas. Su día a día se compone de actividades variadas, desde ir al supermercado y visitar ferias de antigüedades, hasta cocinar platos italianos y chinos para la comunidad local. Además, trabaja como fotógrafa para una empresa ecológica que cultiva una vasta extensión de terreno en la región.

El camino que llevó a Yiyun a Lucignano no fue lineal. Aunque tiene un título en Economía y una especialización en negocios internacionales, admite que nunca disfrutó de esta disciplina. Su pasión siempre fue el arte y la literatura, lo que la llevó a vivir en varias ciudades europeas antes de encontrar su hogar en la Toscana. La invitación de una amiga argentina la condujo a descubrir esta región, donde se sintió atraída por su belleza y tranquilidad, decidiendo finalmente hacer de Lucignano su hogar. A pesar de su soledad, Yiyun mantiene un equilibrio en su vida, cultivando amistades y disfrutando de su entorno natural, mientras se toma un tiempo para viajar cada invierno.