Hoy se conmemoran 49 años del asesinato de Rutilio Grande, un sacerdote jesuita salvadoreño, junto a sus acompañantes Manuel Solórzano y Nelson Lemus. Este trágico suceso, ocurrido el 12 de marzo de 1977 en la carretera entre El Paisnal y Aguilares, marcó un punto crítico en la historia de la Iglesia en América Latina y un hito de represión en El Salvador. La muerte de Grande no solo desató una ola de violencia, sino que también inspiró una movilización social y eclesiástica sin precedentes en el país, convirtiéndolo en un símbolo de la lucha por la justicia social y la defensa de los más vulnerables.
El asesinato tuvo lugar cuando Grande se dirigía a oficiar una misa, siendo interceptado por hombres armados que abrieron fuego contra su vehículo. Este ataque, atribuido a fuerzas paramilitares del régimen de la época, tuvo un profundo efecto en la comunidad religiosa, generando una respuesta de denuncia por parte del entonces arzobispo de San Salvador, Óscar Arnulfo Romero, quien adoptó una postura firme contra la represión estatal tras la muerte de su colega.
La labor pastoral de Rutilio Grande se destacó por su fuerte compromiso con las comunidades rurales, promoviendo la justicia social y la organización de campesinos. Su legado sigue vivo en la memoria colectiva de El Salvador, siendo recordado tanto a nivel local como internacional. La reciente beatificación de Grande, realizada en enero de 2022, subrayó su testimonio y dedicación a los pobres. Durante la ceremonia, el Papa Francisco afirmó que "su sangre fue semilla de libertad y esperanza para El Salvador". En honor a su martirio, la comunidad jesuita y la Iglesia han planeado diversas actividades conmemorativas, incluyendo una misa oficiada esta mañana por el arzobispo José Luis Escobar Alas.



