El inicio de 2026 ha evidenciado un cambio significativo en el comercio exterior de El Salvador. De acuerdo con los últimos datos del Banco Central de Reserva (BCR) y el Centro de Trámites de Importaciones y Exportaciones (CIEX), el mes de enero ha mostrado que la industria agropecuaria y la alimentación nacional siguen dependiendo en gran medida de las importaciones.

A pesar de que el déficit comercial del país se redujo un 11.7% al pasar de 905.3 millones de dólares en 2025 a 799.2 millones en 2026, el análisis de las importaciones revela no solo aspectos económicos, sino también los hábitos de consumo de la población salvadoreña. Este fenómeno se ve facilitado por la implementación de plataformas electrónicas que han acelerado los procesos, optimizando la gestión documental y mejorando la comunicación con los usuarios.

Entre los productos que más se han importado se encuentran los lácteos, las carnes y los granos, ya que la demanda interna supera la capacidad de producción local. En este contexto, el quesillo ha emergido como el líder indiscutido de las autorizaciones electrónicas, siendo esencial para la elaboración de pupusas y consumido ampliamente en el país. La mayoría de este producto proviene de naciones vecinas de Centroamérica, y su continuo flujo de importación ha sido clave para evitar desabastecimientos en los mercados populares. La carne de bovino y el maíz también se destacan en la lista de prioridades de importación, reflejando la necesidad de equilibrar la oferta local con las exigencias del mercado.