La emigración no ha puesto fin a la persecución del Estado para muchos venezolanos, sino que ha dado paso a una nueva fase de control y vigilancia, incluso fuera de las fronteras del país. Este fenómeno ha sido analizado en el “Informe sobre la Expansión del Aparato Represivo venezolano 2024-2025”, elaborado por la organización Sin Mordaza, que destaca la represión transnacional que enfrenta quienes continúan involucrándose en protestas y actividades políticas desde el extranjero.
El estudio, que revisa 326 casos documentados a partir de fuentes abiertas, demuestra que la represión ejercida por el régimen no es un evento aislado, sino una estrategia sistemática y bien coordinada, adaptada a entornos internacionales. Los hallazgos revelan que este tipo de control se manifiesta a través de diversas tácticas, que incluyen acciones discursivas, administrativas y coercitivas, diseñadas para intimidar y silenciar a la disidencia.
Entre las modalidades de represión, la estigmatización a través de propaganda es la más prevalente, representando el 54% de los casos analizados. La administración y la represión consular también juegan un papel crucial, afectando los derechos fundamentales de quienes se encuentran en el extranjero. Además, se identifican intentos de criminalización que cruzan fronteras, así como la presencia de agentes del régimen en otros países, lo que añade un nivel de riesgo y vulnerabilidad para los venezolanos que buscan libertad y seguridad en el exterior.



