Irán, reconocido por su importancia geopolítica en Oriente Medio, alberga una de las concentraciones más significativas de patrimonio histórico a nivel global. Este país se presenta como un auténtico museo al aire libre, donde sus diversas obras, esculturas e infraestructuras se encuentran ahora en la línea de fuego debido a la reciente escalada de conflictos en la región.

La UNESCO ha designado un total de 29 sitios en Irán como Patrimonio Mundial, de los cuales 26 son de índole cultural y 3 de carácter natural. Actualmente, todos estos lugares están amenazados, siendo el Palacio de Golestán, ubicado en el corazón de Teherán, el primero en sufrir las consecuencias de los ataques aéreos en la zona. Las explosiones provocaron el colapso de parte de su estructura, dañando vidrieras artesanales, puertas centenarias y mosaicos del famoso Salón de los Espejos. El ministro iraní de Patrimonio ha descrito este daño como un ataque directo a la identidad nacional.

Isfahán, conocida como “la mitad del mundo”, se encuentra en una situación particularmente crítica. La Plaza de Naqsh-e Jahan, considerada una de las más grandes del mundo, está rodeada de impresionantes edificaciones del siglo XVII, como la Mezquita del Shah y el Palacio Ali Qapu. Sin embargo, la Mezquita Jāmé de Isfahán, que contiene 1.200 años de historia arquitectónica islámica, ya había sufrido daños en el pasado y ahora enfrenta nuevamente el riesgo de ser dañada por los bombardeos. A su vez, Persépolis, la antigua capital ceremonial de Darío I, y la Tumba de Ciro el Grande también se encuentran en peligro, mientras que los Qanats, esenciales para la supervivencia de muchas comunidades, corren el riesgo de colapsar debido a las explosiones cercanas.