El Mundial de Rusia 2018 se perfilaba como el escenario perfecto para que Cristiano Ronaldo sellara su dominio en el fútbol, en medio de la eterna disputa con Lionel Messi por el título de mejor jugador del mundo.
A ojos de muchos aficionados, el portugués parecía tener la delantera en esta lucha. Había logrado su tercera Champions League consecutiva con el Real Madrid, acumulando 344 goles en 346 partidos oficiales. Además, había sido el héroe de la Eurocopa 2016, donde Portugal conquistó su primer gran título al vencer a Francia, aunque no pudo participar en la final debido a una lesión.
Con el objetivo de guiar a su selección hacia la gloria en la Copa del Mundo, Ronaldo saltó al campo como titular en el enfrentamiento del grupo B ante España, el 15 de junio de 2018, en el estadio Fisht de Sochi. El equipo español, por su parte, atravesaba un proceso de renovación tras haber logrado dos Eurocopas y un Mundial entre 2008 y 2012, con figuras consagradas como Piqué y Ramos que se despedían del torneo, mientras nuevas caras como de Gea y Koke asomaban al frente. El clima se tornó tenso luego del despido de su entrenador, Julen Lopetegui, lo que dejó al equipo bajo la dirección de Fernando Hierro. A pesar de estas adversidades, el árbitro Gianluca Rocchi dio inicio a un encuentro que quedaría grabado en la memoria colectiva.
A los pocos minutos de juego, Ronaldo se adentró en el área española y fue derribado por Nacho, lo que resultó en un penal a favor de Portugal. El astro no dudó en ejecutar la falta, superando a David de Gea con un tiro preciso. Sin embargo, España no tardó en reaccionar, y a los 24 minutos, Diego Costa logró igualar el marcador tras una jugada brillante, en la que demostró su capacidad para desmarcarse y rematar con efectividad. El encuentro prometía ser un verdadero espectáculo.

