El Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) ha cimentado su influencia a lo largo de los años no a través de la cocaína, sino mediante el comercio de drogas sintéticas, destacando la metanfetamina. Mientras otros grupos se enfocaban en disputas territoriales, la organización liderada por Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como 'El Mencho', se dedicó a perfeccionar la producción de este estupefaciente, haciéndola más accesible y expandiendo su presencia en nuevos mercados.
Con la reciente muerte de su líder, el futuro del CJNG podría depender de su capacidad para mantener su modelo de negocio, que ha sido más orientado hacia la gestión empresarial que por la fuerza. Un análisis de Insight Crime sugiere que la habilidad del cártel para adaptarse y evolucionar en el ámbito de la metanfetamina será crucial para determinar si logra conservar su estatus de poder criminal o si, por el contrario, se enfrenta a una fragmentación.
Desde sus inicios, el CJNG ha estado intrínsecamente ligado al auge de la metanfetamina en México. A finales de la década de 2000, el grupo ya contaba con laboratorios capaces de producir hasta una tonelada mensual. Esto se intensificó tras la detención de Óscar Orlando Nava Valencia, 'El Lobo', lo que permitió a Oseguera Cervantes consolidar su dominio en la producción. El cártel encontró una oportunidad ante las restricciones gubernamentales sobre la importación de productos químicos tradicionales, eligiendo utilizar el P2P, un precursor más accesible y menos regulado, lo que les permitió seguir produciendo metanfetamina de alta pureza a un costo reducido.
Este giro estratégico no solo les permitió escalar su producción, sino también dominar un mercado que, a nivel global, cuenta con más de 30 millones de consumidores según la ONU. En Estados Unidos, la cantidad de usuarios de metanfetamina se disparó de 353,000 en 2010 a 2.6 millones en 2023. Las cifras de decomisos fronterizos también reflejan este fenómeno, donde la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza reportó un notable aumento en las incautaciones, pasando de 4.1 toneladas en 2010 a cerca de 70 toneladas anuales en años recientes.



