A lo largo del siglo XX, el castor europeo (Castor fiber) estuvo al borde de la extinción debido a la caza indiscriminada. Sin embargo, en la actualidad, gracias a su protección legal en la Unión Europea y a diversas iniciativas de reintroducción, esta especie ha comenzado a recuperar su población. Se estima que el número de castores europeos ha crecido hasta superar los 600.000 ejemplares en todo el mundo, siendo catalogado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) como de “preocupación menor” con una tendencia poblacional en aumento.

En España, el castor europeo había desaparecido hace siglos, pero desde principios del siglo XXI ha comenzado a expandirse nuevamente por los ríos del país. Este roedor semiacuático desempeña un papel crucial en el ecosistema, ayudando a restaurar hábitats que han sido perjudicados por especies invasoras, como el cangrejo rojo americano, que amenaza la biodiversidad local y la calidad del agua.

Un estudio reciente, liderado por el investigador Lukas Hallberg de la Universidad de Birmingham, pone de manifiesto los beneficios ambientales que ofrece el castor europeo. La investigación, en la que también participaron científicos del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), revela que las presas que construyen estos animales no solo favorecen la recarga de acuíferos, sino que también contribuyen al almacenamiento de carbono, ayudando en la mitigación del cambio climático. Según los hallazgos, estas estructuras permiten que las zonas ribereñas acumulen un 26 % más de carbono anualmente, un proceso que puede conservar este elemento en los sedimentos durante casi tres décadas.