Estados Unidos respaldó la destitución de Karim Khan como fiscal jefe del Tribunal Penal Internacional (TPI), concretada a última hora del viernes tras un procedimiento por un caso de conducta sexual inapropiada. La administración de Donald Trump anticipó, además, que continuará impulsando medidas para desmantelar la institución, cuya autoridad nunca reconoció y a la que considera una amenaza para su soberanía.
Tommy Pigott, portavoz del Departamento de Estado, calificó el caso de Khan como “un ejemplo paradigmático de la corrupción de la CPI y del abuso de su supuesta autoridad”. En un mensaje publicado en redes sociales, sostuvo que la salida del fiscal “es positiva”, aunque la describió como “solo una pequeña pieza en esta institución irremediablemente corrupta”.
El Departamento de Estado, bajo la conducción de Marco Rubio, había anunciado el mes pasado un plan para eliminar el tribunal. Según la posición expresada por Washington, la corte representa una “amenaza intolerable para la soberanía estadounidense” porque se atribuye la facultad de procesar e incluso encarcelar a militares y funcionarios de Estados Unidos que actúan en defensa del interés nacional.
La tensión entre Washington y el TPI también se vincula con la orden de busca y captura emitida contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, un aliado destacado de Estados Unidos. El tribunal reclama su detención por presuntos crímenes de guerra y contra la humanidad cometidos en el marco de la ofensiva militar israelí contra Gaza.



