La reciente desclasificación de documentos oficiales sobre el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 ha reavivado el interés en la figura de Juan Carlos I. Más de 40 años después de que el Congreso de los Diputados fuera tomado por los guardias civiles liderados por Antonio Tejero, los nuevos documentos han sido vistos por algunos sectores políticos como una confirmación de que el entonces jefe del Estado no solo no estuvo involucrado en la intentona, sino que jugó un papel crucial en su detención.

A pesar de esto, han persistido durante años las interrogantes sobre el nivel de conocimiento que pudo tener el monarca sobre los preparativos de la conspiración previa a esa noche histórica. Varias investigaciones y ensayos han sugerido que ciertos grupos dentro del Ejército podían haber actuado con la creencia de contar con la aprobación, o al menos con la tolerancia, de la Corona. Sin embargo, los documentos desclasificados refutan esas suposiciones y son interpretados por sus defensores como prueba de que Juan Carlos I se mantuvo firme en defensa del orden constitucional.

El líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, comentó que estos documentos deberían servir para “reconciliar” a los españoles con quien, según él, “frenó el golpe” y manifestó que sería “deseable” el regreso del rey emérito a España. Otros miembros del partido han expresado opiniones similares, argumentando que el papel de Juan Carlos I en la Transición no puede ser ignorado y que la nueva información refuerza su legado histórico. En contraste, desde el Gobierno han mantenido una postura más cautelosa, enfatizando que el eventual regreso del emérito depende exclusivamente de su deseo y recordando que su legado no se limita a los acontecimientos de 1981.