En un escenario ideal, la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres desde la infancia podría acelerar el bienestar y desarrollo de cualquier nación. A pesar de los logros significativos en las últimas décadas, la paridad de género sigue siendo un objetivo distante, especialmente para el año 2030, según los Objetivos de Desarrollo Sostenible establecidos por la ONU.
Las mujeres constituyen la mitad de la población mundial, sin embargo, continúan enfrentando barreras que impactan a toda la sociedad. Datos del Banco Mundial indican que alcanzar la igualdad de género en el ámbito laboral y de ingresos podría incrementar el PIB per cápita global en un 20%. Esta cifra subraya que la equidad no solo es un imperativo social, sino una condición esencial para mejorar la productividad y estimular el crecimiento económico.
La situación en países como Perú ilustra esta realidad. Según el IPE, las regiones con menor brecha de género son también las más competitivas en el Índice de Competitividad Regional. Esto indica que el avance de las mujeres actúa como un motor fundamental para el desarrollo. Sin embargo, persisten preocupantes desigualdades: en 2024, solo el 60% de las mujeres en edad laboral participa en el mercado, frente al 80% de los hombres. La carga desproporcionada del trabajo doméstico y los efectos negativos de la maternidad en el desarrollo profesional de las mujeres son algunas de las causas de esta disparidad. Además, la violencia de género sigue siendo un problema crítico, afectando gravemente a la participación y el bienestar de las mujeres en la sociedad.



