A cuatro años de la invasión de Rusia a Ucrania, el conflicto se mantiene sin una resolución clara, superando así las expectativas iniciales que planteaban una guerra breve o una resistencia guerrillera. La duración de este enfrentamiento ha desafiado todas las proyecciones de expertos y analistas, quienes no imaginaban que una guerra formal entre dos estados podría extenderse por tanto tiempo.
Desde el inicio de la contienda, el panorama político global ha cambiado significativamente. La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, mientras la guerra ya llevaba tres años, marcó un hito en las dinámicas internacionales. Además, en Europa, se ha producido un cambio de liderazgo en Alemania con la ascensión de Friedrich Merz y en el Reino Unido con la victoria del Partido Laborista y Keir Starmer al mando, lo que ha alterado el equilibrio político en la región.
Sin embargo, a pesar de estos cambios en Occidente, las naciones que sostienen posturas firmes en el conflicto, como Rusia y China, siguen bajo el mando de sus líderes actuales. Las tensiones internas en la OTAN, impulsadas por la percepción de subestimación por parte de Estados Unidos hacia sus aliados europeos, han debilitado la cohesión de la alianza. En términos de bajas, este conflicto ha sido el más letal en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, con estimaciones del Center for Strategic and International Studies (CSIS) que indican que Rusia ha sufrido alrededor de 1,2 millones de bajas, incluyendo 325.000 muertos, una cifra sin precedentes para una gran potencia desde 1945. Por su parte, Ucrania también ha enfrentado pérdidas significativas, aunque las cifras oficiales son motivo de debate y controversia.



