El conflicto en Medio Oriente, que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán, sigue escalando y ya ha alcanzado las dos semanas desde su inicio el 28 de febrero de 2026. En este contexto, las hostilidades entre las naciones están enfocadas en la infraestructura petrolera, lo que genera una creciente preocupación en los mercados energéticos globales.

El presidente estadounidense, Donald Trump, ha solicitado ayuda para asegurar la apertura del estrecho de Ormuz, un punto estratégico vital para el tránsito de petróleo del Golfo Pérsico y el comercio mundial. Sin embargo, importantes aliados como Japón y Australia no han respondido a su llamado, lo que ha dejado a EE.UU. en una posición aislada en esta crisis.

En medio de esta situación, Irán ha continuado despachando crudo a pesar de las sanciones, con informes que indican que al menos 12 millones de barriles han sido enviados a través del estrecho desde el inicio de los ataques. Irán ha manifestado su disposición a dialogar con varios países sobre la seguridad del tránsito marítimo en esta área estratégica. Por otro lado, las Fuerzas de Defensa de Israel han iniciado acciones militares en el Líbano, intensificando así la ofensiva que ya ha dejado un saldo trágico de al menos 850 muertos, incluidos 107 niños.