A diez días de los primeros ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, los precios del petróleo han mostrado una ligera desaceleración tras haber alcanzado los 100 dólares por barril. Sin embargo, existe el riesgo de que estos precios se disparen nuevamente debido a la escalada militar en la región. Pese a esto, el contexto actual se presenta notablemente distinto al de la crisis petrolera de 1973.

La crisis vigente se caracteriza por una naturaleza logística, a diferencia de la crisis de hace cinco décadas, que fue fundamentalmente política. En 1973, un embargo deliberado de los países árabes de la OPEP hacia las naciones occidentales que apoyaban a Israel durante la Guerra del Yom Kippur desató el caos en el mercado energético. En contraposición, hoy enfrentamos un bloqueo militar en el estrecho de Ormuz por parte de Irán, a través del cual transita el 20% del petróleo mundial, lo que complica la situación de forma significativa.

Los principales productores de petróleo como Arabia Saudita, Irak, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait poseen la capacidad de aumentar su producción para estabilizar el mercado, pero se ven limitados por la dependencia del estrecho de Ormuz. Esta escasez de rutas alternativas para la exportación de crudo desde Oriente Medio ha generado un embotellamiento en el suministro. Según analistas, si esta crisis persiste, podría desencadenar una crisis energética grave. Sin embargo, la naturaleza de la crisis actual, que se basa en un bloqueo físico más que en un embargo político, reduce la probabilidad de un aumento de precios tan drástico como el de 1973, cuando los precios se cuadruplicaron en cuestión de meses.

La amenaza de Irán de interrumpir las exportaciones de petróleo a sus aliados estadounidenses e israelíes podría ser una estrategia para elevar los precios de la energía y presionar a Estados Unidos en el contexto de las elecciones de medio término. En este sentido, el presidente Donald Trump está decidido a evitar un aumento prolongado de los precios del petróleo, que podría ser perjudicial para su administración. A diferencia de 1973, los países de la OCDE cuentan con reservas estratégicas que equivalen a tres meses de importaciones, gestionadas por la Agencia Internacional de Energía, creada precisamente para enfrentar estas emergencias.