En condiciones normales, el espacio aéreo de Oriente Medio es un hervidero de actividad, con miles de aviones comerciales surcando sus cielos. Sin embargo, en los últimos días, esta situación ha cambiado drásticamente debido a los recientes enfrentamientos entre Estados Unidos, Israel e Irán. Estos conflictos han provocado un escenario caótico para los viajeros, con numerosos pasajeros atrapados en aeropuertos de la región. Un análisis de los datos de tráfico aéreo revela la magnitud de esta interrupción.

En marzo del año pasado, en un período de 48 horas, más de 3.700 vuelos de pasajeros sobrevolaron el Golfo Pérsico, siendo más de la mitad de ellos con origen o destino en Dubai y Doha. Sin embargo, el 3 y 4 de marzo de este año, esa cifra se redujo drásticamente a solo 47 vuelos en la misma área. Los aeropuertos de la región, que en enero se destacaron por su elevado tráfico, se ven ahora severamente afectados, con el aeropuerto de Dubai reportando solo 220 salidas el 11 de marzo, un tercio de lo habitual, mientras que Doha apenas registró 16 vuelos, lo que representa un 5% de su promedio normal.

La actual crisis no es un fenómeno aislado, ya que la aviación global ya sufrió impactos significativos a raíz de la guerra en Ucrania. En enero de 2022, aproximadamente el 15% de los vuelos internacionales pasaban por el espacio aéreo de Rusia, Ucrania, Irán o el Golfo Pérsico; en marzo de este año, esa cifra se redujo a solo el 1%. Esto ha llevado a que rutas populares, como Londres-Tokio, experimenten un aumento de casi dos horas en sus tiempos de vuelo. El espacio aéreo en la región se ha vuelto más restringido, y algunas aerolíneas, como Air India, han comenzado a desviar sus trayectorias, aumentando sus tiempos de viaje en cerca de 50 minutos. El panorama aéreo mundial se está reduciendo drásticamente.