A medida que se acerca la primavera, ya comienzan a manifestarse los primeros síntomas de alergia en muchas personas. Aunque la estación oficial inicia el 19 de marzo, la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (Seaic) advierte que las recientes lluvias y el descenso de temperaturas han pospuesto la polinización. Sin embargo, una vez que el clima se estabilice, es probable que los niveles de polen se disparen rápidamente, lo que podría complicar la situación para quienes sufren de alergias, según el doctor Juan José Zapata, presidente del Comité de Aerobiología Clínica de la Seaic.
La combinación de una posible elevada concentración de polen en la primavera y el aumento de casos de gripe, COVID-19 y resfriados que se han observado recientemente, puede generar confusiones en los pacientes. Los síntomas como fiebre, congestión nasal y tos pueden llevar a muchos a cuestionarse si se trata de una alergia o de alguna de estas enfermedades respiratorias. En este contexto, la información proporcionada por la Mayo Clinic resulta fundamental para ayudar a establecer las diferencias entre cada condición y así facilitar el diagnóstico y tratamiento adecuados.
La COVID-19, causada por el virus SARS-CoV-2, se caracteriza por su transmisión a través de gotas respiratorias expulsadas al toser o estornudar. A pesar de que su incidencia ha disminuido, el contacto con superficies contaminadas también representa un riesgo. En contraste, las alergias estacionales no son provocadas por virus, sino que surgen cuando el sistema inmunitario responde a alérgenos como el polen. Los síntomas típicos de alergias incluyen picazón en ojos, nariz y garganta, estornudos, congestión y secreción nasal, que suelen durar varias semanas sin causar fiebre o fatiga extrema. Además, las alergias no generan dificultad respiratoria a menos que el paciente tenga asma. Para su control, se recomiendan antihistamínicos y corticoides nasales, así como evitar los alérgenos siempre que sea posible.



