La vida de Tommy G. Thompson, un ex científico estadounidense, parece sacada de una novela de aventuras, pero es totalmente verídica. Reconocido como uno de los cazatesoros más destacados del país, Thompson ganó fama tras descubrir uno de los robos más significativos de la historia. Sin embargo, su ascenso a la gloria se tornó en una caída al abismo, ya que pasó diez años en prisión por negarse a revelar la ubicación de 500 monedas de oro que había recuperado en una arriesgada expedición submarina.
Todo comenzó en la década de 1980, cuando Thompson, un ingeniero oceanográfico, se interesó por la leyenda del SS Central America, conocido como el “Barco de Oro”. Este navío se hundió en 1857, llevándose consigo toneladas de oro y la vida de 450 pasajeros. Con la ambición de encontrar el tesoro, logró convencer a 161 inversores para financiar su búsqueda, que costó más de 12 millones de euros. Thompson desarrolló un innovador robot submarino que le permitió explorar las profundidades del océano y, en 1988, su equipo localizó el tesoro, recuperando 21 toneladas de oro valoradas en casi 172 millones de euros, lo que lo convirtió en millonario y una figura famosa.
No obstante, la fortuna también trajo consigo complicaciones legales. En primer lugar, 39 compañías de seguros reclamaron la propiedad del tesoro, aunque los tribunales fallaron a favor de Thompson. Sin embargo, posteriormente, sus propios inversores lo demandaron, asegurando que no habían recuperado su inversión. Al negarse a presentarse ante el tribunal, en 2012 un juez ordenó su arresto. Durante varios años, Thompson vivió como fugitivo en Florida, utilizando identidades falsas. Finalmente, fue detenido en 2015 y condenado por desacato, tras negarse a revelar el paradero de las 500 monedas de oro, valoradas en aproximadamente 2,7 millones de euros. Aunque insistió en que las monedas eran “reacuñaciones” a partir de lingotes del barco y que no sabía su ubicación exacta, su negativa a colaborar con la justicia le costó más de una década tras las rejas. Su liberación se produjo el 4 de marzo de 2026, pero el misterio sobre el destino de las monedas persiste, ya que las autoridades aún no han logrado recuperarlas.



