La atención de las autoridades peruanas se ha centrado nuevamente en la ruta del Pacífico, después de una reciente intervención en alta mar que reveló la magnitud de las redes criminales que vinculan Sudamérica y Norteamérica. A cientos de millas de la costa norte del país, una embarcación liviana navegaba por el océano sin ningún indicio de actividad comercial legítima, transportando más de dos toneladas de cocaína, oculta bajo múltiples capas de embalaje industrial.

Este caso va más allá de un simple decomiso. Según expertos en seguridad, el hallazgo refuerza la presencia internacional del Cártel de Jalisco Nueva Generación en Perú, que ha logrado establecer conexiones estratégicas con grupos locales en lugar de ejercer un control directo sobre las ciudades. Pedro Yaranga, consultor en seguridad y gestión de riesgos, señala que antes de la muerte de su líder Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, la organización ya había desarrollado redes que facilitaban la exportación de narcóticos y otras actividades ilegales.

El operativo, llevado a cabo por la Dirección Antidrogas de la Policía Nacional y la Marina de Guerra del Perú, resultó en el mayor decomiso registrado en aguas peruanas en los últimos años. Las autoridades encontraron 106 sacos de rafia blanca, cada uno conteniendo bloques compactos de cocaína, con un patrón de embalaje que se ajusta a las prácticas del cártel mexicano. La investigación preliminar sugiere que el cargamento tenía como destino Estados Unidos, tras haber partido de Ecuador, y los tres tripulantes de la embarcación cuentan con antecedentes por tráfico internacional de drogas en varios países.